19.12.15

                                          

  NADIE PREGUNTA
Desde su más tierna infancia, comenzó a tratar de aprender todas las cosas que podía. Durante toda su vida fue un constante estudio, siempre aprendiendo nuevas cosas, siempre entre libros tratando de buscar sabidurías desconocidas.
Nunca dejó de investigar los misterios más insospechados, más extraños, más misteriosos. Era incansable, no hacía más que indagar cualquier cosa que no supiera.
Año tras año fue acumulando sabiduría a raudales, hasta que llegó a ser un anciano capaz de contestar todas las preguntas que se le hicieran, pero nadie le ha preguntado nunca nada.

Valencia 17 de Diciembre del 2015

                                                                                         Diego Thibaut

19.9.12

CON LAS MANOS SOBRE EL BASTÓN

Un día lo vimos sentado en un banco de la plaza, con las manos apoyadas en el bastón, los ojos entornados  y la barbilla sobre las manos. Su pensamiento no estaba allí, seguramente muy lejos, pensando quién sabe qué, o recordando algo lejano, quizá en los comicios de su juventud.
Nos llamó la atención el que estuviera solo, todos los demás mayores del pueblo estaban aparte, se veía claramente que no querían nade con él. Para ellos era una criatura distinta y lejana. Confieso que tuve curiosidad por conocer que mundo habitaba dentro de aquella cabeza cubierta por la gorra.
El corazón de un viejo es siempre misterioso. Tanto despertó la curiosidad en mí, que me hubiera gustado saber lo que esos ojos entornados, hubieran observado a lo largo de su vida.
Decidí averiguar sobre su identidad, ¿Cómo era posible que no lo hubiera visto nunca? ¿Qué ser era aquel que apareció de la noche a la mañana, sin saber ninguno de nosotros de donde venía?
Días más tarde, descubrí que los mayores si sabían de él, de su pasado, de su presente, pero ignoraban su futuro. Pensaba que los viejos no tienen futuro, es el presente y solo el presente lo que tienen que vivir intensamente. Él seguramente tiene su misterioso futuro en sus manos, ahora, escondido en sus bolsillos. Lo arrancó de su vida hace mucho tiempo y lo guardó durante años en su cabeza, perdiéndose entre pensamientos oscuros.
Comencé a preguntar, pero la gente me esquivaba las respuestas, cambiaban de conversación, como si algún temor estuviera aún latente en las gentes del pueblo. No obstante, algunas filtraciones se escapaban y que yo iba hilvanando con gran esfuerzo hasta llegar a  una conclusión definitiva. Era como si recuperara unos momentos perdidos de su existencia, lejanos y huidizos.
matices no del todo entendidas, dramáticas en grado sumo. Dicen que muchas vidas se perdieron por culpa suya, que provocó esos acontecimientos funestos, que él fue el causante de tantas desapariciones. Hoy se les denomina criminales de guerra.
Fue juzgado, condenado de por vida y nadie se explica por qué está libre, quizá las leyes lo tengan así estipulado después de tantos años recluido y enfermo.
Hoy mismo lo he vuelto a ver, con sus manos apoyadas en el bastón, los ojos entornados y fijos en la lejanía. Le he dejado bajo el tibio sol, junto a la fuente de la plaza, refugiado en sus historias pasadas y sus recuerdos, con su futuro en los bolsillos esperando su final. Sin poder evitarlo, me he resignado a la tristeza, pero algo se ha convulsionado en mi apacible vida destrozando en mil pedazos mi inocencia.





LA ESTANCIA


No se como ocurrió, ni se si ocurrió o no, solo se que me causó tal impresión, que todavía sigo preso del desasosiego producido por aquel suceso.

Era una mansión gigantesca, con muchas estancias, infinidad de pasillos, buhardillas y sótanos, estancias todas ellas accesibles, se abrían con una llave única que poseíamos todos los que allí trabajábamos.

En sí mismo, era un lugar algo tétrico, por su volumen excesivo, por su construcción de piedra gris que le daba un alo de tristeza, aunque no era triste en sí, pero era una sensación que misteriosamente transmitía.

Entre todos los habitáculos, había uno que nunca se había abierto, ¿cuáles eran los motivos?, sigo sin saberlos, nadie dio orden de no entrar, nadie prohibió el acceso, nadie mencionó nada referente a aquella estancia.

Me lo pregunté infinidad de veces, cuando quise comentarlo con los compañeros, todos eludieron hablar de ello con evasivas, pero en el fondo, notaba que estaban como yo, no sabían nada pero no querían saberlo, era como si les diera una especie de aversión solo con mencionarla.

Mi curiosidad fue en aumento, se me hizo irresistible la indiferencia, se fue apoderando de mí la necesidad de saber qué había dentro, cual era el misterio que encerraba aquel lugar que nadie quería saber nada de el.

Como la llave que tenía abría todas las puertas, decidí abrirla. No tuve ningún impedimento, sabia que hacía muchos años que aquella puerta no se abría, que nadie osaba ni siquiera detenerse ante ella, pero la cerradura se abrió con la misma suavidad que las otras.

La estancia era grande, estaba completamente amueblada, era un dormitorio amplio, con un lugar que hacía las veces de sala de estar, el techo muy alto y las ventanas con cortinajes hasta el suelo, con unos visillos de un blanco inmaculado, la chimenea encendida con troncos recién puestos.

Tuve un sobresalto grande, todo estaba impecablemente limpio, todo completamente ordenado, pero creí que alguien estaba conmigo observándome. Después de inspeccionarlo todo y comprobar que nadie más había, salí apresurado con la sensación de que alguien seguía observándome.

Después de bastante tiempo, llegaron nuevos empleados, uno de ellos, a los pocos días de llegar, me preguntó sobre la estancia, estaba interesado en saber, pero contesté con evasivas y no quise hablar de ello.

17.9.12

El Vendaval


Escucha en la lejanía “Adri” el murmullo que cada vez se hace más sonoro, paulatinamente se va haciendo más ruidoso, como quién tiene ganas de que se le oiga pronto. Es la tormenta de verano que con todo su ímpetu nos sobrepasará. Con sus rayos estruendosos y sus fogonazos, relampagueando aquí y allá.
No viene muy deprisa, pero sin detenerse un instante se nos pondrá encima y luego, se irá hacia el mar quizá donde es posible que se disuelva o se esconda en algún lugar misterioso.
Es impresionante su estruendo, nos hace sentirnos pequeños, como recordándonos la lección que nunca acabamos de aprender, que una vez pasada la algarabía se nos olvida al instante.
“Adri” viene precedida de un vendaval que lo remueve todo, zarandea los árboles de tal forma que parece que los vaya a tumbar, de hecho derriba algunos en ocasiones. Cambia todas las cosas de sitio, como si el orden establecido por los humanos anteriormente no fuese el correcto y lo dispusiera a su antojo, sin duda con una fuerza tal que no admite discusión.
Nos tenemos que limitar a que pase, que descargue su furia esperando que no nos haga daño con su agua, sus rayos y centellas, pues cuando ha pasado, sentimos con más anhelo la calma que teníamos antes y curiosamente no reparábamos en ella.



                                       

16.3.12

Fragmento Ilustrado del relato "La lluvia que no cesa" de Diego Thibaut
Ilustraciones: Alicia Thibaut

27.11.11

NO LA DEJES ESCAPAR


Esa cosa hermosa que ha pasado por mi lado, quisiera recordarla siempre. Pero los humanos no sabemos darle valor a lo que, aún siendo bello, se queda un tiempo prolongado junto a nosotros. Pronto ni siquiera vemos un atisbo de hermosura y tendemos a fijarnos en aquella otra que aún siendo bella, no es ni un ápice de esta otra.

La capacidad de retener y asimilar algo realmente valioso, tanto por su significado como por su capacidad de gozo, o por su simple armonía, se ha ido extinguiendo atreves de los años hasta casi desaparecer.

Si alguna vez se te cruza algo hermoso, no lo dejes escapar, pues será un signo inequívoco de que has perdido el juicio o la capacidad de admirar lo bello y piensa que cuando ha pasado y se aleja haciéndose cada vez más pequeño, no podrás recuperarlo jamás. De esta forma tan absurda, te iras rodeando, sin remisión, de muchas cosas de valor aparente, oscuras como la muerte, exentas de todo estilo, faltas de capacidad para hacerte agradable la vida y por mucho valor material que tengan, están por supuesto vacías de capacidad para darte la felicidad. Supongo yo.
UN MOMENTO ÚNICO


Me senté entre los arbustos para aprovechar la tarde, no es que mereciera un descanso, no había hecho nada, pero no quise dejar la ocasión y me abandoné a la placidez del reposo.

Estaba solo, bueno, eso creía yo, nunca había deparado en ello, pero solo, lo que se dice solo, no estaba. Una infinidad de vida diminuta se encontraba a mi lado, me rodeaba por todas partes. El silencio no era silencio a poco que escuchases. La sensación de ser observado me intranquilizaba, sí, era observado por multitud de ojos de todas clases. Reparé de pronto en una lagartija que sobre una piedra, inmóvil me miraba, fijándome bien, vi como movía los diminutos ojos sin perderme de vista.

Entre una flores, una mariposa con las hojas plegadas parecía una hoja seca, no divisaba sus ojos pero se que me observaba, pues al mover una mano, salió volando con su vuelo característico.

Una multitud de insectos revoloteaba por todas partes, estaban atentos a mis movimientos, pues al levantarme para cambiar de postura, desaparecieron sin dejar rastro y sin saber donde fueron.

Arañas, hormigas, escarabajos, tijeretas y avispas formaban un gran ejército en movimiento, quizá no me veían por la diferencia de tamaño, pero parecía como si mi presencia les incomodara.

Los mirlos, los gorriones y las urracas, se mandaban mensajes avisándose del peligro de mi presencia con una continuidad fluida y significativa.

Escuchaba la conversación de los árboles, lanzándose caricias por medio del viento, con ese rumor de sus hojas, rítmico, cadencioso, con la armonía de un bello idioma. Era como estar en un lugar fugazmente intuido en anteriores ocasiones inexistentes. La paz de ese momento, se introduce por la puerta de todos los sentidos, especialmente del oído con ecos que te transportan a nostalgias de otros momentos inolvidables.

Por todo ello, digo que no estaba solo, y por culpa de mi pensamiento, estando, no estaba allí, estaba distante, en otro lugar con alguien a quien deseaba a mi lado, con esos pensamientos que recorren grandes distancias a una velocidad endiablada.

¿POR QUÉ LO HIZO?


Divisé su figura recortada en la claridad de la tarde, que se difuminaba por momentos, en lo más alto del puente, quieto cual estatua resignada a su perpetuidad, alto, siniestro, enjuto, con su interior y exterior tristes como su sombra. No miraba a nadie ni a nada, la mirada perdida en la lejanía de su infinito, el abrigo largo y ancho de otro cuerpo que no era el suyo, el sombrero gastado de muchas intemperies, de muchos vientos y muchas soledades.

Viéndole quieto sobre el puente de herrumbrosos hierros, con la mirada perdida en misteriosas divagaciones, podría pensarse que era capaz de saltar a las profundas aguas del arremolinado río. ¿Por qué podría hacerlo? era como un presentimiento que me invadía y amordazaba mi alma.

Le había visto otras veces, por los alrededores, con su figura estirada, sus ropas pardas, con sus ojos profundos y claros, en su contraste de luz y sombra como una contradicción. Una vez mostró su sonrisa a un niño que jugaba con una pelota y su rostro cambió de matices, donde había oscuridades, hubo luces, donde tristezas, alegrías, la figura encorvada se estiró con altanería y pareció más alto, más esbelto, se diría que podía haber sido feliz en alguna ocasión, pero no supe si podría serlo en el futuro.

Estuve un tiempo mirándolo, hasta que de improviso, con un salto felino, se llevó mis cavilaciones y sus tristezas hacia el abismo.
EL ARCO IRIS

Se cuenta que un día, en la plaza de un pueblo cualquiera, después de salir del colegio, unos cuantos adolescentes se reunieron como solían hacerlo todas las tardes. Las conversaciones que tenían eran de temas diversos.

Estaban en esa edad en la que todo llama la atención, en la que mil incógnitas te siguen a todas partes, que suelen tratar de averiguar preguntando a todo el mundo, con resultados confusos. Casi nadie coincide en las respuestas, bien porque no quieren decir la verdad, bien porque están equivocados o bien porque sencillamente no las saben.

Cuando se reunieron aquella tarde, como tantas otras, trataron de comentar las respuestas adquiridas en diferentes temas, por supuesto aumentando la confusión que ya tenían. Cuando terminaron con las referencias del día, a uno de ellos se le ocurrió preguntar los significados de los colores del arco iris, todos quedaron callados, como meditando, aquella pregunta llevaba muchas incógnitas dentro.

Anotaron los colores en un papel: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta y comenzaron las reflexiones.

Uno, espontáneo, contestó que el rojo era la pasión, el fuego, la sangre, la ira y el poder.

Otro se refirió al naranja, refiriéndolo como el color del rayo, la alegría, el aura de toda persona alegre.

Opinó otro sobre el color amarillo diciendo, son las tierras de Castilla antes y después de la siega, está íntimamente ligado a la opulencia del oro y es sin duda, el color del Sol.

Al verde lo definió otro diciendo; es el color de la naturaleza, es el alimento espiritual de la visión, son las vitaminas necesarias del alma para ser feliz, es la esmeralda del mundo, la paz y el sosiego.

Uno dijo del azul que era el mar y el cielo separados solo por el horizonte, la inmensidad, la claridad y profundidad del pensamiento.

En cuento al añil, nadie decía nada, hasta que a uno el recordó a su madre en el lavadero del pueblo azulando la ropa blanca y llenándola de claridad y armonía, paz y sosiego del espíritu, está en el dominio de los azules, supeditado a vivir entre ellos.

Al terminar con el violeta, todos coincidieron en que era el color de la confusión, era un color asociado a la fusión del rojo y azul, contradictorios, desiguales, casi opuestos entre sí, por un lado pasión contra serenidad, poderío contra humildad y sobre todo, dos fuerzas irreconciliables, el agua y el fuego.



Valencia 20 de Octubre del 2011
EL AMIGO IMAGINADO


Él, nunca estaba solo, al menos era lo que creía, se había inventado hace mucho tiempo, un amigo imaginario, un personaje ficticio que le hacía compañía a todas horas.

Le hacía confidencias, que aunque fueran de actos o pensamientos reprochables, nunca recibía ni corrección ni crítica alguna.

Los análisis y comentarios eran siempre afines, siempre coincidían en lo básico, aunque algunas veces discreparan en lo específico. En un intento de hacer autocrítica o de pulir afinidades completas, respecto a esos pensamientos que en ocasiones, dudamos si estamos equivocados o no, (todos pasamos por esta tesitura alguna vez), él estaba ahí para reconducir el desvío y devolver al sendero, el juicio más conveniente a su modo de entender y con arreglo a sus gustos.

Con él siempre al lado, con sus reflexiones afines, exento de críticas, estaba convencido de la veracidad de sus planteamientos y no se le pasaba por la mente, el poder rectificar o modificar, tal o cual cuestión.

Esto llegó a provocar una confianza en sí mismo capaz de disentir con cualquiera que osara contradecir su opinión o mejor dicho, la opinión de “Él” y llegar a la discusión más feroz y combativa jamás vista.

Se convirtió en irascible, introvertido, egocéntrico y desagradable, hasta el punto de que nadie quiso dialogar con él por temor a sus furias e incongruencias.

Cuando se vio en completa soledad, solo con la compañía de su amigo extraño, un no se qué se fue apoderando de su interior, se le fueron restañando las rendijas de su alma, llegó a ese estado en que nada satisface y nadie llena, ni siquiera el confidente íntimo pudo despojarlo de su soledad. Con mucho esfuerzo, consiguió expulsar a su amigo de sí, pero ya era tarde, todo estaba perdido, todo se quedó en tinieblas y ni ese personaje “magnífico” logró salvarle la vida.



Valencia 26 de Septiembre del 2011

27.9.11

LA HOJARASCA


Es una enredada de hojas y ramas, revueltas, entrelazadas, unidas unas a otras o superpuestas, como una multitud desordenada, como un amasijo sin orden ni concierto, incongruente, impreciso, carente de premeditación alguna y sin embargo, está estable, aunque prenda sobre todo ello, el peligro de na ráfaga traicionera de viento lo desbarajuste más de lo que está y se lo lleve a ese confín ignorado del olvido para siempre.
Asoma entre todo ello, la luz de un brillante sol que se quiebre entre sus espacios vacíos, como revelando que siempre y en todo hay algo más de lo que imaginamos.
La amalgama ha hecho acopio de un sinfín de colores que llenan el espacio visual.
Está diciendo el combinado de su hojarasca, más cosas de la que posiblemente apreciemos y quizá esté proporcionando quietud y serenidad, paz y sosiego, y hasta es posible si atendemos bien, un poco de amor y esperanza y sobre todo, la sensación de que algo tendente a desaparecer, pueda querer impregnar un mensaje en nuestra memoria para siempre.

24.3.11

EL TESORO

Cuando Candelaria Alvarado llegó a vieja, había logrado reunir un inmenso tesoro. Bolas de mil colores, un dedal dorado, una caracola que se oía el rumor del mar, plumas de diferentes formas y colores, lentejuelas y azabaches, muchos botones que nunca volverían a pasar por ningún ojal. Hojas secas y hasta una flor marchita y aplastada entre dos páginas de un libro de poemas. Cartas que alguna mano en la lejanía del tiempo le habían escrito, con significados que solo ella sabía descifrar. Un bolígrafo con pedacitos de nácar, un espejo de mano con empuñadura de plata, un montón de botellitas de perfume que aún conservaban sus aromas. Una linterna de luz apagada, hilos y agujas largas y pequeñas, borlas y cintas de colores, un tenedor de forma especial para pinchar quién sabe que y un sin fin de cosas más.

Ella cuidaba todo aquello con esmero y lo contemplaba dejando luego la mirada en la distancia perdida. Alguna vez con alguno de los objetos, soltó unas lágrimas, quizás recordando algo aún no perdido en la memoria.

Guardaba todo aquel tesoro en unas cajas, que de vez en cuando abría alguna al azar para contemplar su contenido, por supuesto que contenían muchas más cosas que los cachivaches, posiblemente toda su vida mezclada con ellos.

Al morir no pudo llevarse con ella aquel inmenso tesoro, lo dejó abandonado a su suerte, en unas manos extrañas que no valoraron aquello, lo destrozaron tirándolo a la basura.

Pero ella si se llevó los recuerdos, las alegrías y las tristezas que aquel tesoro albergaba.

6.3.11

Diferentes apreciaciones


¿Será cierto que todos no vemos los colores del mismo modo, (al menos con la misma intensidad), y que no distinguimos los sonidos de la misma manera?
¿Será cierto que recibimos los mensajes que nos mandan las luces y los ruidos de forma diferente cada cual?
Es cierto, que no siente igual el impacto de un color o un sonido una persona que otra. Cada cual estimula sus sensaciones con apreciaciones particulares, en función de su entorno, carácter, educación o necesidad.
Hago estas reflexiones por un hecho acaecido en una ocasión, con motivo de una reunión de siete personas, todas ellas mujeres, de diferentes edades y condición social, en el monte, en silencio, cada una con una hoja seca entre las manos. Una a una, aplastó la hoja cerca de su oído y relató sus apreciaciones.
La primera, sintió el viento entre las hojas, que verdes las agitaba.
La segunda, dijo sentir el revoloteo marrón de una bandada de pájaros.
La tercera, sintió un murmullo azulado de voces, susurrando arrullos y caricias.
La cuarta, el miedo del rojo fuego devorando todo a su paso.
La quinta, escuchó un negro eco repitiendo un nombre constantemente.
La sexta, le estremeció un estruendo mezclado de sollozos, de anaranjados sentimientos.
Y a la séptima, hasta le pareció escuchar, unos pasos grises que lentamente se le acercaban para liberarla de su soledad.  

4.3.11


Aquel día era el elegido, el especial,
resultó ser uno más, como cualquier otro.
               -------------------------

De entre todas las personas, destacabas tú,
tan sencilla, tan insignificante, tan espectacular.
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Coincidimos en el mismo sitio,
pero estábamos en diferentes lugares.
                 --------------------------

Al pasar oí tu voz, pero no te divisé,
al mirar adiviné tu presencia pero no estabas,
al marcharme del lugar, sentí que me dejaba algo.
                    -------------------------

Es cierto que el recuerdo se apaga lentamente,
Es verdad que el corazón no siente
lo que los ojos no ven,
es seguro que la distancia vence y el tiempo derrota,
pero cosas imposibles se han conseguido alguna vez
                     --------------------------- 


Salí deprisa para llegar a la cita,
llegué tarde por un retraso premeditado.
               -------------------------

Era hermoso el lugar, la hora, el momento,
nada frenaba la ocasión de ser felices,
nadie puso impedimentos más que nosotros.
               ---------------------------

Sí, era eso lo que quería, lo que deseaba,
no diste nada, no dijiste nada,
no se si llegaste a desear algo.
                 --------------------------

En este punto del camino te esperé,
debías de venir por este sendero,
no llegaste, no apareciste, no regresaste.
                    -------------------------

Mi mirada siempre buscando tu mirada,
cargada de súplicas y mensajes,
no supiste leer, no quisiste mirar.
                     --------------------------- 



Salí como siempre tras tu deseo
Y regresé como tantas veces sin tu consuelo.
               -------------------------

Era una tarde apacible, tranquila, quieta,
como hacía tiempo que no encontraba,
que no veía, que no soñaba. Duró poco
se fue deprisa, se alejó pronto con mi sonrisa.
               ---------------------------

De todos los lugares que he recorrido,
uno solo es el adecuado, aquel que miro
entre los recuerdos de los que quieres,
pero se han ido.
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Logré al fin que me escucharas,
lo dije todo deprisa y claro,
supongo que no fueron suficientes explicaciones,
pues no quisiste comprender, quedó aclarado
                    -------------------------


Se que no va a ser verdad porque lo intuyo.
Se que no va a ser mentira porque lo afirmas.
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Rastreaba mi figura tras de ti, con mucho anhelo,
pero no encontré tu rastro ni tu sendero.
               ---------------------------

Era muy difícil que sintieras lo que sentía,
estabas en otra onda, en otra cima.
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Se fue el recuerdo por donde vino,
tantas veces estrellado contra tu olvido.
                    -------------------------

Piensa como yo pienso de tu persona,
y descubre del interior de mi alma lo que atesora.

                     -------------------------

El silencio lo dijo todo  o casi todo,
después de que los gritos no dijeran nada.    
                     
                   ------------------------------


Si quieres, puedo esperar eternamente,
pero quisiera que al menos una sola vez,
pensases que sigo aquí esperándote.
               -------------------------

No era ni tuyo ni mío, era de los dos,
no supimos compartirlo ni tú ni yo,
perdimos la ocasión de disfrutarlo.
               ---------------------------

Era tan alto el sendero, que tuve
que realizar un gran esfuerzo por llegar.
Con gran voluntad y sacrificio llegué
al final, pero tú ya no estabas.
                 --------------------------

Salí corriendo a tu encuentro cuando llegaste,
Pero no eras tú la que venía.
                    -------------------------

Con la luz del sol, estoy nostálgico,
Con la oscuridad de la noche, triste,
Con el alba, melancólico,
Con el paso de los días sin ti, solo.
                      



No fue peor que las otras veces,
las diferencias eran las mismas,
pero fue la gota que rebasó el vaso.
                -------------------

Cuando tú decías “sí”
el acontecimiento feliz era innegable,
pero tu “sí” no era creíble.
                 -------------------

Al fin fuimos por el camino escogido,
fue angosto, escarpado, incierto,
pero nos condujo hasta aquí.
                  ----------------------

Ese sol es el de siempre,
este aire es el de todos los años,
pero tu mirada no es la misma.
                  ---------------------

No se si compartiste melodía con alguien,
lo cierto es que en  la nuestra,
ya no suenan sus compases.
                 ----------------------

Salí corriendo después de tus sollozos,
corría y corría sin parar alejándome de ti,
pero tu llanto venía conmigo.
                  ----------------------

    

13.5.09

El teléfono


Había tenido un día como tantos otros, rabiosamente igual a muchos de su existencia, pero algo le decía que no era así, no sabía explicar esta sensación pero no era lo mismo, no, le invadía un presentimiento que lo hacía diferente a los otros.
Regresó a su casa con ese sentimiento misterioso que le producía desagrado. Ella nunca había sentido algo parecido por mucho que buscara entre sus recuerdos, ciertamente no lo encontraba.
Se dispuso a ponerse cómoda y después de la ducha, se preparó unas tostadas con queso y un buen vaso de leche caliente. Encendió la televisión decidida a ver la película que por cierto era de asesinatos.
Al llegar al ecuador, en el mismo instante que el asesino de la película llama por teléfono para decirle que ha llegado la hora, ella que estaba en su casa tranquilamente viendo la película, sonó el teléfono al mismo tiempo que la secuencia y oyó la voz del criminal que la decía lo que iba a sucederle.
Había pronunciado su nombre, estaba claro que era a ella a quién buscaba y quería matar. ¿Cómo era posible esto si no lo conocía, ni tenía nada que ver con aquellos personajes?
Los hechos no tuvieron explicación, y si la pudieran tener, es el escritor del cuento quien debe resolverlos y por regla general, la fantasía del escritor borra los hechos y los devuelve a la normalidad y si por casualidad no quisiera, volvería a ser real la desgracia.

El mendigo


Iba de contenedor en contenedor, en todos ocurría lo mismo al abrirlo, un olor nauseabundo le daba en la cara a modo de bofetón pestilente, le dificultaba la respiración y le hacía toser, pero era necesario meter la cabeza para poder ver si entre los desperdicios hubiera algo que le pudiera servir en su subsistencia precaria.
Tras aquel rostro cetrino y aquel cuerpo enjuto oculto entre ropajes viejos de años y jirones, se escondía una vida que llegó a ser normal, como cualquier otra de otro ser.
Había sido un hombre culto, por ello, cuando sacaba de la basura algún objeto, rememoraba instantes de su pasado. Un espejo de mano roto con empuñadura tallada, semejante al que usaba Candelaria cuando se cepillaba el rubio pelo antes de acostarse y luego aparecía la pasión entre las sombras de la noche, tocaba su cuerpo, tocaba su cabellera y no sabía cuál era más suave. Todavía no se le ha olvidado aún haciendo muchos años de aquello.
Se había provisto de un gancho para poder alcanzar los objetos y las bolsas, ya no tenía la elasticidad de joven, le costaba empinar el cuerpo para poder acceder a lo más profundo del contenedor. Es cierto que lo que más buscaba era la comida, la mayoría de las veces putrefacta y pestilente, pero alguna vez era recompensado el esfuerzo por algún manjar depositado no se sabe por quién, en perfecto estado. Ese día era una fiesta, de nuevo aparecía entre los recuerdos Candelaria y sus viandas encontradas como aquellas que preparaba con exquisita delicadeza.
Siempre fue meticuloso en el comer, ¿Cómo ha llegado a esto?. Saberlo, sí lo sabía, pero consciente solo hace unos años, unos pocos años que había notado su degradación.
En tiempos pasados fue empleado de banca, oficial de oficina, con uniforme de traje y corbata, de zapatos lustrosos, bien afeitado. Aquello ya pasó, ¡Hace tantos años! o quizá le parezca a él muy lejano y no sea tanto.
Hoy es un día de suerte, ha encontrado en una caja con flores brillantes estampadas en la tapa, dos bombones olvidados, intactos, milagrosamente erguidos en su belleza primaria. También, dentro de una caja de galletas, un montón de ellas partidas, algunas deshechas pero aprovechables, esta clase de galletas antes no le gustaban pero ahora saben de otra manera, será por estas necesidades, producto de fracasos y desventuras. Muchas tardes, Candelaria preparaba café y sacaba unas galletas como estas.
Cuando sacó una bolsa llena de vestidos de niña, entre el olor nauseabundo y las lágrimas que acudían a sus ojos sin llamarlas, se le tapó la nariz y con la tos, casi se ahoga. Eran recuerdos muy alegres que le entristecían (Paradojas inexplicables).
Lo que no podía soportar, eran las botellas de vino, aquello fue su perdición. Comenzó a beber cuando prescindieron de sus servicios en su trabajo, comenzó a pensar que no servía para nada, apareció la depresión y los tragos le aliviaban, enardecía su espíritu que nunca fue animoso, pero con el alcohol se sintió más grande, más valeroso y más capaz, hasta que la realidad ganaba la batalla a sus fantasías.
Candelaria trató de ayudarle, quiso comprenderle e hizo todo lo posible para que lo dejara. Aparecieron las broncas y los malos modos. Las amenazas la hundieron en la desesperación. Lo abandonó, era por aquel entonces irrecuperable, inmerso en la maldita miseria que sigue arrastrando.
Aquella percha desvencijada, era suficiente para abrir la caja de los recuerdos, con sus trajes y camisas primorosamente colgadas en el armario.
Ponía Candelaria unos ambientadores que olían de una manera especial, no los ha vuelto a oler, en su lugar, estos malditos olores que le acompañan en sus búsquedas.
Vive en una especie de chabola o cueva en las afueras donde guarda los objetos que recoge junto con sus miserias, algunas veces duerme en algún portal, algunas veces medita en un rincón y pide algunas monedas para su vino.
Abandonó la ciudad que consideró por muchos años suya y se trasladó a este lugar que él nunca había estado, de una ciudad que nunca conocería como propia.
Cada vez los delirios son más frecuentes y el deterioro más acusado, el juez le prohibió el acercamiento, ¡cómo se iba a acercar con aquel estado tan deplorable!. Continua con su va y viene constante, entre estar allí y no estar, entre regresar a la realidad o perderse en lo imaginario, pero Candelaria estaba presente en todos los recuerdos, aquella persona desaparecida y largamente recordada.

Carta a un amigo de la infancia que ni recuerdo su nombre


Querido amigo:
Como casi siempre que te escribo, mi memoria viaja en sentido contrario de la vida y me introduzco en el revuelto mar de los recuerdos.
Yo tengo cosas que digo ser mías. Mías porque yo las quiero, mías porque deseo que permanezcan siempre en mi memoria, de nadie más, por eso no las suelo contar.
Recuerdo constantemente aquel momento que revolucionó mis ideas aún confusas y que he pretendido seguir conservando hasta estos días, cambiando por supuesto muchos matices.
Es mío, aquel impreciso y lejano Otoño lánguido que me descubrió la melancolía y la tristeza y luego, desnudos los árboles, la paz interior, y la lluvia de aquellas fechas en que todo lo envolvía de gris y blanco, húmedo y triste durante unos días y luego nos regalaba la esperanza con un radiante sol de alegría infinita.
Es mía la rabia y la impotencia en aquellas ocasiones que no pude resolver o paliar, bien por edad, bien por falta de formación y sabiduría.
Son míos los recuerdos de los amigos de la infancia (entre los que te encuentras tú) con los que compartí juegos, proyectos y deseos que casi ninguno se materializó.
Hay un abismo entre lo que soñaba y lo que pretendía, pero era mía y solo mía la confusión, equivocado o no, viví aquellos momentos, unas veces con euforia de triunfo y otras con decepción de las derrotas o fracasos, pero siempre envuelto en una nube de deseos imparables que me hicieron tropezar en las mismas piedras (fueron buenas enseñanzas).
Carecí de muchas cosas (según se mire), pero tuve muchas otras que hoy valoro de otro modo.Las batallas que combatí en todos los frentes, casi siempre fueron derrotas (es lo que pienso ahora), pues suponía victorias que de algún modo no le eran. La alegría de esos triunfos, poco a poco los fui apreciando a la inversa, como si lo de arriba, lo pusiera abajo y es que la riqueza de lo conquistado, con los años cambia de valor y te arrepientes de haber luchado por cosas que no merecían la pena (hoy lo sé) y haber permanecido impasible ante lo que (hoy lo sé) tenía valor.
Cuando rememoro desde el umbral de una nueva vida los tiempos idos, acuden a la mente con insistencia melancólica ¿Pero dónde esta aquel corazón tonto que entonces sabía sufrir por tales cosas?¿Dónde reside aquel ímpetu luchador irreflexivo, que se lanzaba al combate ciegamente sin medir las consecuencias?
Me queda el consuelo de no haberme quedado quieto y hoy estar preguntándome constantemente que hubiera pasado de haber permanecido inmóvil.
Lo años cambian mucho los ímpetus y van borrando lentamente los recuerdos y hasta los nombres de los que junto a mi, vivieron aquellos momentos.
Recibe un abrazo de quien aún no sabiendo tu nombre, no te olvida.

12.5.09

Pensamientos en la frente


Siempre creo que llevo grabado en mi frente los pensamientos y que todo el mundo puede leerlos, pero no me importa, todos sabrán que te quiero con locura.

6.5.09

La lluvia que no cesa


Iba encogido por el frío, con las manos en los bolsillos y la solapa de la chaqueta subida para resguardarse de los vaivenes del viento gélido.
Había tenido posiblemente su último encuentro con ella. Seguramente no la volvería a ver (las gotas de la lluvia se mezclaban en su rostro con las lágrimas) no la volverá a ver, no porque no quisiera, sino porque ella no lo consentiría. Quizá tubiera razón, pero solo en algunas cosas, es verdad que ha sido terco en sus planteamientos y se he dejado llevar por la soberbia tan nefasta.
¿A dónde va? No lo sabe. En estos momentos su futuro es incierto.
La noche es triste, quizá por la mañana lo vea diferente, más alegre.
El ambiente es frío, quizá con el sol de la mañana se caliente.
El ánimo, decaído, seguramente podrá levantarse dentro de poco.
El amor, ¿Dónde estará mañana el amor que se tuvieron?
El pensamiento, siempre fijo en el mismo sitio, ¡ella!.
El deseo, siempre constante, estar a su lado.
Pero esta lluvia que no cesa, lo está empapando todo y con su agua, borra sus lágrimas y pensamientos, es posible hasta que ahogue sus penas.

La lectura


Era ya mayor cuando descubrió lo que encierran en su interior los libros. Cuando comenzó a leer, ya no pudo dejarlo, lo hacía todas los días, al anochecer, antes de dormir.
La lectura le enseñó el camino de la libertad, aprendió como se consigue ser otro ser diferente al que eres. De pronto se convertía en capitán de un barco aventurero que en el puente de mando, manejando el timón y con el viento revolviéndole los cabellos, dirigía a su tripulación hacia aquella isla que se divisaba en la lejanía, sin saber que misterios les depararía.
Otra vez, se vio envuelto en el fragor de la batalla con su grado de capitán, mandando a sus hombres hacia la victoria, y como no, en el desfile con su uniforme reluciente saludando a sus admiradoras amables y bellas. Es el primero en todas las carreras en que participa, el protagonista de todas las historias que descubre, el ser que hace lo que quiere sin prejuicios aparentes, la persona bondadosa, chispeante, divertida, el ser mas simpático del mundo, al que adoran, que entusiasma, que ilusiona.
Con solo abrir el libro de turno, comienza a disfrutar los goces que aún pareciéndose a los suyos, son diferentes o quizá vistos de otro modo.
Cada noche se sumerge en el laberinto de las letras y las frases, de las historias y pensamientos, de los sueños y fantasías, para acceder a esa libertad soñada, a esos placeres negados, consigue ser todo lo que se imagina con solo proponérselo.
Luego, a la mañana siguiente, vuelve al infierno, a lo cotidiano, a la vulgaridad de su vida, a la monotonía de su entorno y los seres que le rodean. Pero le reconforta pensar que por la noche, al término del día, entre las páginas que va leyendo recobrará la libertad y volverá a ser el rey de su fantasía.

La noche



Desvelado en la noche
aumento los abismos de las sombras,
los sigilos necesarios me trastornan
en un huir constante hacia el abismo.
Sobresalto brusco ante el inesperado ruido,
vuelco en el corazón por un impacto
ficticio o verdadero de mi miedo.
Movimiento entre las sombras de las sombras
rasguño enrarecido de la noche,
crujido de los muebles y molduras,
inesperada convulsión de mis sentidos,
pánico, horror, fobias terribles compartidas
con recuerdos y vivencias transformadas.
Inmerso, despierto o adormilado en pesadillas.
Transcurriendo el tiempo lento, impreciso,
sacudida rítmica del cuerpo ante la nada,
no hay nada en la espera, en el transcurso,
crees que no va a llegar nunca el día,
pero la luz va llegando poco a poco, seguro,
y vuelve a derrumbarse el muro de las dudas.

La niña


La niña, entre la opacidad que daban sus ropajes con jirones, brillaba con una luz injustificada, una luz mirada con ojos deseosos de ver, lo que no ven los ojos que no quieren mirar. Ella miraba a unos y otros esperando alguna justificación de lo inaceptable, de lo insólito, de lo vergonzante. Nadie captó el interrogante mensaje, ni recibió la información luminosa que reflectaba la niña.
Le pregunté de donde era y miró al cielo, me interese por los suyos (dónde estaban) y miró al suelo. No jadeaba en su llanto, hacía mucho tiempo que nadie deparó en sus gemidos, sólo alguna lágrima, en su luminosidad, brillaba al deslizarse por sus mejillas. Con llanto mudo y temblor en sus sollozos, nunca captó oyente alguno que supiera descifrar sus peticiones. Yo también erre en el planteamiento, quise darle algunas monedas pero no las acepto. Anteponía lo estrictamente sentimental a lo material, estaba necesitada de algo más etéreo, más irreal y más reconfortante que todo el oro del mundo.
Un día, ya no la vi, no estaba en el lugar habitual donde demandaba (según la gente) sus incongruencias, y recordé que al preguntarle de donde era, miró al cielo y deposité mi mirada en él. Era cierto lo que dijo, allí estaba aquella estrella luminosa que nunca antes había visto.

26.11.08

¿QUIÉN ERA?


Caminaba por una calle larga y triste, sorteando cavidades y charcos dejados por la llovizna persistente, monótona, obstinadamente repetitiva y molesta; cuando le vi, detrás de mí, no esquivaba el agua, no detenía el paso lento pero seguro, ni siquiera miraba a un lado y al otro. Era un ser alto y delgado, de riguroso negro con sombrero ancho y oscuro, como sus ojos, que más que ojos eran concavidades profundas y desoladoras, intrigantes y misteriosas. Se diría que sabía a donde iba, lo denunciaba la decisión de sus pasos y la mirada fija al frente, siempre detrás de mí. Torcí la siguiente calle a la derecha aunque no fuera mi camino y él hizo lo mismo. Comencé a preocuparme y decidí torcer la siguiente a la izquierda para ver si me seguía o continuaba su camino hacia otro lugar que no fuera mi espalda, pero hizo lo mismo, siguió mis pasos sin detenerse, fue entonces cuando me volví nuevamente a mirarle, la calle estaba desierta, un manto oscuro se aliaba con la noche y lo cubría todo de sombras. Cuando le mire por segunda vez, un escalofrío me recorrió la espalda, su aspecto me horrorizó, era tan oscuro como una sombra indefinida, me pareció ver dos destellos que partían de sus ojos y una leve apertura de sus labios semejó una sonrisa que más bien parecía una mueca, dejando entrever sus dientes manchados de sangre. Aceleré el paso con el miedo creciendo en mi cuerpo, quise correr pero no pude, hubiera querido chillar pidiendo ayuda pero no salió ningún sonido de mi garganta. Torcí nuevamente a la derecha y esta vez, él siguió recto, continuo y hermético, envuelto en sus sombras, llevándose mis temores e inquietudes. Me detuve y lo vi alejarse, como la sombra que era, perdiéndose en la lejanía.
Si era quién yo me figuro, no venía a por mí, al menos esta vez.

11.6.08

SOLO UN INSTANTE


Placenteros momentos, serenas horas,
donde la soñolencia
entra sin pedir permiso
y cierra los ojos obligando
a permanecer cerrados sus párpados.
Con el pensamiento
perdido en divagaciones
y el sol y sombra que reflejan
los árboles en el suelo,
con su movimiento a un lado y otro,
contribuyen a la relajación.
Están los problemas a las puertas
dispuestos a perturbar la paz
de este momento,
pero por el párpado entreabierto
ves que el sublime momento
sigue ahí y lo vuelves a cerrar
para que no entren y lo destruyan.
Son momentos de sueños,
de recuerdos, de nostalgias
y por qué no, de tristezas lejanas,
no faltan las alegrías y los temores,
ellos estarán esperándome cuando los abra.

DOS HOJAS

Fotografía de Javier Buchberger

Son dos hermanas de verde esmeralda y beben del néctar común, de la provisión compartida, de la savia grandiosa que les da la vida, la una al lado de la otra, juntas entre una gran cantidad de ellas por todas partes. En la rama donde se balancean, solo necesitan una ligera brisa para acariciarse y en el vendaval, bulliciosas y alegres, cantan al compás del tiempo huracanado. Cuando se bañan de luz o de agua, el frescor las reconforta y los rayos del sol las revitaliza. En las noches de calma, descansan acompañadas de los pájaros que se esconden entre ellas para dormitar y con la aurora aún incipiente, revolotean jocosos golpeándolas con sus alas a modo de caricia.
Pero se tiene que cumplir el ciclo, lentamente se van notando los imperceptibles cambios, el frío va aumentando y la savia, antes abundante, escasea cada día más, el cuerpo central, robusto y rígido, se va adormeciendo lentamente. Sus fuerzas adheridas a las ramas van flaqueando, incluso algunas han caído. Todas en su transformación, van del verde intenso al amarillo chillón, ya no es todo alegría, un presagio se cierne sobre ellas implacablemente, notan que les falta fuerza para asirse y de un momento a otro, no tendrán más remedio que soltarse.
Ha comenzado una especie de lluvia forestal, una caída intermitente y continua, pero ellas han decidido soltarse a la vez, juntas en su caída libre, arrastrando a otras que en su precipitación ondulante, daban mil vueltas entes de depositarse en el suelo. Han caído una al lado de la otra, esto las reconforta sintiéndose protegidas mutuamente, pero sus destinos estaban marcados, su destino no es otro que en su descomposición, sirvan de alimento a su árbol madre, que convirtiéndolo en savia, alimente a las hojas venideras en su ciclo.
En el suelo, la hierba a dado paso al musgo húmedo y pegajoso, se estrechan sus cuerpos para que una traicionera ráfaga de viento no las separe y así, abrazadas, puedan llegar al momento final de sus vidas, unidas como siempre estuvieron.

26.5.08

EL LIMPIABOTAS


Solía acudir los Sábados y Domingos por la tarde, al bar en el que nos reuníamos un grupo de amigos, pasábamos unas horas juntos, algunos jugaban juegos de mesa y otros platicábamos sobre diversos temas mientras tomábamos café o algún trago. Él aparecía con su caja colgada de la mano, con la vestimenta de color impreciso, tintada de mil betunes, formando una homogeneidad de color con muchos matices confundidos, la sonrisa eterna en su boca destapando las melladuras y las bondades de su corazón, con la mirada suplicando que le pidiéramos sus servicios.
Siempre he sentido desagrado al ver a otro semejante agachado a mis pies, lo consideraba y lo considero humillante, pero no era su caso. Él tenía un lenguaje fluido de persona cultivada y maltratada por la vida, con una filosofía envidiable, poseedor de grandes vivencias en su mente que él nunca contaba pero dejaba entrever, se adivinaba. Nos limpiaba los zapatos con elegancia, también nos limpió algo el alma con sus dichos y su personalidad que guardaba y escondía.
Solía decir que en su juventud se alimentaba de ilusiones, después, un poco más mayor, se alimentó de esperanzas y luego más tarde, con lo que pudo que fue más bien poco.
También nos contó que en un tiempo, le nombró el Rey, zapatero mayor del reino y que le encargaron encontrar el pie que acoplara perfectamente en el zapatito de cristal perdido por una niña, en las escalinatas de palacio a las doce de una noche. Pero una vez cumplido a la perfección su cometido, fue despedido sin ninguna explicación al paro de por vida.
Mezclaba las fantasías con las realidades o quizá sus realidades eran fantasías, lo cierto es que había muchas incógnitas en su pasado. Cuando le preguntabas, él respondía con evasivas, suposiciones, con medias verdades mezcladas con medias mentiras, como si muchas cosas no las recordara o no las quisiera recordar.
Solíamos preguntarle.
--¿Cómo es que trabajas los Domingos, Emilio?
--¡No hay más remedio, es mucho lo que se necesita para mantener a la familia!
Continuaba.
--Así nos ha dejado la guerra, de esta guisa, de esta forma de fatal apariencia, con negrura por todas partes, hasta por dentro, parecemos más viejos de lo que somos pero en realidad, somos mucho más viejos de lo que aparentamos.
Era un gran entendido y aficionado a los toros, solía decir que el lance más bonito de la fiesta era la larga farolada, de rodillas ante el toril, entes de que salga el toro, por su plasticidad, por su valor, por su peligro, por la belleza del capote revoloteando contra el viento antes de la embestida del bicho; la segunda ya no lo es tanto, ha pasado la tensión de la espera, aún con peligro latente, ya se han descompuesto el toro y el torero.
Hacía mucho tiempo que no veía una corrida, no podía permitírselo. Decidimos entre todos comprarle una entrada y cuando se la entregamos, nos pareció ver alguna lágrima deslizarse por su cara y que él apartó con disimulo.
Un día no acudió a la cita, pasado algún tiempo supimos que no vendría más, no sabíamos sus apellidos, solo su nombre que era Emilio. Tubo esa muerte anónima que solo tienen los pájaros, sin alboroto, sin ruido, sin que casi nadie se enterara.
Muchos os preguntareis el por qué escribo sobre este personaje de escaso valor en apariencia, no lo sé, pero lo que si se, es que estoy contento de que siempre ocupe un rincón en mi memoria.

23.5.08

EL OBJETO MISTERIOSO


En la calle donde vivía, había una relojería antigua. El relojero era un anciano, un hombre viejo y extraño, retraído y misterioso, su mirada daba miedo a Elisa Ruano Berruezo que la evitaba al pasar por la puerta. Esta sensación no era justa pues no había hablada nunca con él, pero la sensación era palpable, era como una defensa intuitiva ante algún hipotético peligro que viniera por parte de él, sin saber por qué ni cómo.
Elisa Ruano Berruezo era una muchacha de catorce años, tímida y apacible, con muchas fantasías en la mente y muchas ilusiones en el alma, con una cuidada atención a su educación, habían conseguido unos principios morales sólidos que auspiciaban una futura responsabilidad y una escala de valores muy aceptables. Poseía la belleza de la juventud y la fragilidad de la inocencia que a su edad, comenzaba a surgir jirones y grietas inevitables.
Un día, como siempre que pasaba por delante de la relojería, bajaba la mirada al suelo y se le aceleraba el corazón, vio al hombre viejo en la puerta, estático, que la miraba fijamente, diríase que la estaba esperando, ella más que verlo lo presentía, pero no levantó la mirada aun sabiendo que estaba allí. En ese mismo instante, al pasar por su lado, la llamó por su nombre, ¿Cómo sabía su nombre? ¿Quién se lo había dicho si nunca cruzó una palabra con él? Se paró y le miró a los ojos, descubrió que ya no eran tan temerosos como antes, más bien percibió una cierta bondad que despedía su mirada, su voz también era cálida y una sonrisa amplia y serena apareció en su rostro dulcificándolo todo.
--Quiero hablar contigo Elisa, tengo una cosa para ti.
--¿Qué es lo que me va a dar? Contestó Elisa Ruano Berruezo intrigada.
--Es una cosa que durante muchos años he guardado, esperando y buscando el momento y la persona adecuada para realizar el relevo y esa persona eres tú y ese momento es ahora.
--¿Pero por qué yo? ¿Por qué ahora?
--Vengo observándote mucho tiempo y he llegado a la conclusión de que eres la persona idónea, por tu valía, por tu honestidad y tu juventud, Se que se acerca mi fin y no puedo consentir que lo que te voy a dar, caiga en otras manos no merecedoras de poseerlo.
--Pero ¿Qué es?
--Pasa dentro, no es aconsejable dártelo en la calle pues nadie debe saberlo, ni que yo te lo he dado, ni de que se trata.
Elisa Ruano Berruezo entró tras el anciano y en medio de la relojería se quedó quieta, expectante.
El anciano relojero se dirigió a la caja fuerte que tenía disimulada en un rincón y sacó un objeto no muy grande, no muy pesado, no muy llamativo. Era una caja de madera sencilla y alargando las dos manos con la caja entre ellas, se la dio a la niña con mucha solemnidad. Ella al recibir en sus manos el objeto, llena de curiosidad quiso abrirlo pero el viejo se lo impidió diciéndole.
--Antes de que lo veas, quiero explicarte algunas cosas relativas a el objeto, lo debes cuidar con esmero, no consientas que nadie lo toque y si es posible, que nadie lo vea y por encima de todo, no reveles el misterio que guarda en su interior y que luego te contare.
--Confieso que estoy asustada, comentó la niña.
-- Puedes abrirlo ya.
Elisa llena de emoción abrió la caja y en su interior había un reloj de sobremesa, era bonito pero preguntó al instante.
--¿Dónde está el misterio? ¿Dónde está el secreto?
El anciano indicó a la niña que se sentara para escuchar todo más cómodamente.
Comenzó por decirle que él lo recibió a la misma edad que ella, con catorce años, se lo dio un carbonero que vivía en su pueblo y que le conocía bien, le explicó todo el secreto que encierra, como él se lo iba a explicar ahora.
--Este reloj tiene el poder de adelantar el tiempo, siempre que muevas las manecillas adelante, el tiempo pasará rápidamente adecuándose a la hora, al día y al año que tú hayas adelantado, pero no puedes ni debes hacerlo hacia atrás, pues eso sería el fin, tanto del tiempo como del mundo, el pasado es un tiempo vivido y consumido, una etapa vencida, todo el pasado está contenido en el recuerdo y en el olvido de las gentes que lo vivieron y eso no se puede resucitar.
Elisa Ruano Berruezo atrajo el reloj hacia su pecho y solo supo decir, turbada como estaba.
--Muchas gracias.
Se lo llevó a su habitación y lo escondió entre las ropas. Así lo tuvo varios días, pensando en todo lo que le había dicho el relojero anciano y cuando se enteró de que había muerto, un estremecimiento frío recorrió su cuerpo. Era ella sola la propietaria del secreto, nadie más sabía el poder del reloj al haber faltado el anciano y esta circunstancia la llenó de responsabilidad y de temor.
Pasado un año, decidió sacar el reloj de su escondite y probar su poder, comprobar si era cierto todo lo que el viejo le dijo, solo lo sabría si tenía el valor de adelantar unas horas las manecillas y esperar los resultados. Con el corazón palpitando desbocado y la sangre apretándole las sienes, a las seis de la tarde adelantó seis horas las manecillas y al instante, se hizo de noche, el sol había desaparecido y la penumbra de la noche se había hecho dueña de todo. Su familia lo vio como normal, no se percataron del súbito cambio y todos siguieron como si nada hubiera ocurrido.
Elisa se dio cuenta de que el mundo estaba en sus manos, de que tenía el poder de adelantar el tiempo a su antojo y el peligro de destruirlo todo si lo hacía retroceder.
Pasaron las horas, le producía tal impresión la responsabilidad, que se sumergió en un estado de abatimiento, se sentía desfallecer a cada instante y se tumbó en la cama, comenzó a controlar las emociones y poco a poco se fue durmiendo.
La despertó sobresaltada un sonido penetrante y continuo, pudo a duras penas recobrar la conciencia del momento y del lugar, era el despertador que sonaba anunciando la hora de levantarse, lo apagó, comprendió que este reloj era el protagonista de esta historia vivida, se arregló para acudir a sus obligaciones y al salir a la calle, al pasar por delante de la relojería, vio al viejo relojero en la puerta de su establecimiento y le saludó con la mano y con una cariñosa sonrisa.

22.5.08

ENTRE LA ESCRITURA


Cuando me voy a la cama para dormir, siempre leo un rato, me encanta leer unos minutos, unas cuantas páginas, hasta que el sueño me vence. En algunas ocasiones, se amontonan las líneas y pierdo el significado de lo leído, sigo leyendo con el pensamiento sin comprender nada y hasta pierdo la noción de todo. Pero introducirme en el libro (como me pasó la otra noche) no me había pasado nunca. Nada más entrar entre sus páginas, comencé a caminar entre sus líneas que eran calles, con sus edificios que eran palabras, pero tenía todo aquello una peculiaridad, era una ciudad fantasma, no había ninguna persona por allí.
Caminé por sus calles y travesías, llegue a sus plazas y callejones sin cruzarme con persona alguna. Visité sus jardines llenos de flores y signos, recorrí sus avenidas largas y amplias, repletas de significados y metáforas. Me detuve a descansar sobre un punto y coma y pase por debajo de muchos acentos, traspasé portales formados por admiraciones e intente introducirme entre varios flancos de interrogaciones sin responder a sus preguntas.
Al final de una gran avenida, desembocaba esta en una gran plaza-jardín repleta de versos hermosos, los espectadores de aquel concierto, eran multitud de palabras esperando su ocasión, las licencias métricas estaban muy atentas al comportamiento de las rimas, vigilando el número exacto de sílabas en cada verso, vi por allí sentada a la diéresis tratando de separar los diptongos en dos sílabas diferentes. Por el contrario, estaba la sinalefa tratando de unir la última silaba con la primera silaba de la palabra siguiente para formar una sola, si la ocasión lo requería.
Después del concierto de versos, me retiré buscando algún punto y coma o dos puntos para descansar y tropecé con algún que otro oxímoron despistado e incoherente pero jactancioso. Al torcer una esquina, me rodearon varios opúsculos que en conversación animada, cada cual, exponía sus razones en explicaciones breves y convincentes.
Cansado, me retiré buscando la salida que se había convertido en un laberinto dificultándome su ubicación. Entonces fue cuando empecé a encontrarme con los artículos, solitarios, sin los nombres comunes, (el, la, lo) se les notaba que buscaban a alguien que les era necesario. A continuación iban los adjetivos calificativos, orgullosos ellos, (espléndido, maravilloso, bello, valioso), algún grupo cabizbajo (triste, pesaroso, absurdo, desgraciado) detrás, los pronombres personales, militarmente, con poderío (yo, tú, nosotros ellos) y como si fuera una procesión, siguiéndoles, las preposiciones propias, sonoras, insultantes (ante, bajo, cabe, con contra, de, desde).
Cuando todos ellos pasaron, a cierta distancia, venían sin mucha prisa los adverbios de lugar, siempre con su misión informativa, como bedeles o guías turísticos (aquí, allí, ahí). Con ellos, los demostrativos, un poco acusadores (este, ese, aquel) y las contracciones con su tic nervioso (al, del) y cerrando el grupo, las conjunciones copulativas siempre alegres y dicharacheras (y, e, ni, que).
De repente salieron de todas partes, muchas letras y vocales que aún siendo estas solo cinco, se multiplicaban sin parar, para combinarse de forma asombrosa con las consonantes en sus lugares exactos, para convertirse en palabras y estas juntándose a la vez, unas con otras, en riguroso orden, expresaban pensamientos, ideas, historias reales y fantásticas, deseos y anhelos, de forma tal, que cuando encontré la salida de aquel laberinto, lo hice con el deseo de volver muy pronto y en muchas ocasiones.

25.4.08

LA SILUETA INDEFINIDA DE "RUFO"



Cuando disponía de algún tiempo libre, solía pasear por las orillas de aquel río extraño y bello. Muchas veces tenía que desviarme alejándome de él para salvar la oposición que me ofrecía el tupido bosque impenetrable y sombrío que se apelmazaba hasta la orilla misma del agua. Cuando esto ocurría, tenía que dar un rodeo para volver a su cauce.
Mi fascinación por aquel río era intensa de lo que entonces pudiera creer, en muchas ocasiones, en mis pensamientos se cruzaba (sin saber los motivos) su recuerdo y a continuación me asaltaba un deseo imperioso de correr a su encuentro. He de reconocer que sus sonidos son armoniosos, diría mas, melodiosos, con su ritmo que en un principio parecía monótono, pero en realidad, si prestabas la atención suficiente y con no mucho sentido musical, percibías los cambios rítmicos necesarios para satisfacer por el oído tu alma. Sentía una especie de atracción tal, que en muchas ocasiones llegué a asustarme pues era como si algo o alguien me llamara insistentemente para pedirme que acudiera a su lado.
Estando en una ocasión extasiado contemplando y escuchando aquel río, me pareció verle entre las ramas del follaje por primera vez, fue una masa imprecisa, mas bien una silueta indefinida que se movió en la espesura con gran rapidez, desapareciendo al ver que ponía mi mirada con insistencia en el lugar que ocupaba. Desapareció con la misma rapidez que apareció y no supe de quien o de que se trataba.
En aquel instante de aquel día, comprobé como todos los pájaros se habían callado repentinamente, hasta las aguas parecieron no sonar, los pájaros tan abundantes y escandalosos, al unísono dejaron sus trinos para otra ocasión que no tardó en llegar una vez repuesto del sobresalto. La brisa que también participó con su quietud, se restableció moviendo las hojas del suelo en un baile repentino e indeciso.

Curioso acudí al lugar en el que apareció la silueta y recorrí sus alrededores buscando al personaje que creía fuera un pescador o cazador, pero mi búsqueda fue infructuosa, no había nadie y era imposible que hubiera desaparecido sin ser visto al cruzar o huir por el claro existente detrás del bosque. Llegué a pensar que pudiera ser una visión mía errada por culpa de los rayos del sol entre las ramas de los árboles.
Pasado un tiempo lo volví a ver, su aparición fue fugaz como la vez anterior, pero pude apreciar mas detalles sobre aquel personaje, porque era sin duda un personaje, con una cabellera hasta los hombros y una barba bastante grande que le tapaba casi la boca, el pelaje era grisáceo y algo alborotado, de una forma tal que era fácil de recordar. El sobresalto no fue tanto como la primera vez y decidí indagar si moraba alguna persona por los contornos con esas características.
Los resultados de las indagaciones fueron de distinta índole, la mayoría no daba ninguna razón, ni siquiera habían visto en su vida a alguien así, pero una persona bastante mayor, si dijo recordar a alguien con esa fisonomía que yo relataba, dijo que hacía unos sesenta años aproximadamente hubo un juicio y condena de un hombre llamado “Rufo” por asesinato y violación de una niña de quince años precisamente en el río, en aquel lugar donde yo decía haberle visto.
Decidí buscar en las hemerotecas las noticias de aquel crimen horrendo, cuando las encontré, quedé asombrado pues en la fotografía del asesino aparecía el personaje visto por mi en el río, denominándolo con el nombre de “Rufo”
Consulte con un amigo mío abogado criminalista y me prometió estudiar el caso, pidió los informes y al cabo de un mes, me reuní con él. Resultaba que aquel juicio estaba lleno de irregularidades, no habían pruebas convincentes de que el acusado “Rufo” fuera el asesino y parecía ser, que las autoridades de entonces deseaban y necesitaban un culpable para aplacar las iras del pueblo que demandaban justicia.

Todo se llevo a cabo como contaban las crónicas y el olvido fue invadiéndolo todo lentamente hasta desaparecer de las mentes convencidas y no tan convencidas.
La tercera vez que le ví, no desapareció tan rápidamente, me sostuvo la mirada y sacando un trozo de periódico de una especie de bolsillo, lo prendió en las ramas de un arbusto antes de irse, era como un mensaje que me mandaba, me precipité a por el trozo de periódico comprobando que se trataba del mismo de la hemeroteca con la noticia de su ajusticiamiento, pero cosa curiosa, había subrayado el nombre de un allegado a la familia de la victima y con una flecha debajo señalando el nombre, con unas letra escritas a mano que decían “fue este”.
Se apodero de mí las ansias de poder aclarar el caso y se lo encargue a mi amigo el abogado quien con gran profesionalidad logró desarchivar el caso, conseguir un nuevo juicio y con las pruebas científicas actuales desmontar la trama acusadora contra “Rufo” y abrir una investigación sobre el personaje marcado con la flecha por la silueta indefinida de “Rufo”.
Los resultados fueron sorprendentes, el condenado y ejecutado fue absuelto de todos los cargos, poniéndose en marcha los dispositivos necesarios para redimir su honor y nombre (su vida no pudieron devolvérsela).
Resultó ser el asesino aquel otro que la silueta imprecisa mencionó con la flecha, pero como estaba fallecido, se cerró el caso quitando la honra de su nombre y su recuerdo.

Satisfecho, volví a las orillas del río muchas veces y quiero confesar que deseaba que se apareciera, que de alguna forma me demostrara su gratitud, mas en si por el hecho de ser quien es, que por recibir parabienes de alguien que ya no existe. Cuando apareció, lo hizo de una manera estática, permaneció frente a mi unos minutos aguantándome la mirada y me pareció vislumbrar entre sus barbas una especie de sonrisa que me llenó de alegría. No le he vuelto a ver nunca más.